EDIPO Y PINOCHO "Dos prototipos del destino humano"
El hombre moderno, esperando a la muerte, hace todo lo que puede para olvidar su naturaleza perecedera.
El hombre de los tiempos remotos, a la inversa, pasaba su vida preparando su muerte como para un viaje de vuelta: miraba las tinieblas y su destino de frente.
El más simple de nosotros se interroga sobre el fin de su vida y lo absurdo de la existencia. A través de estas cuestiones, se perfilan las nociones del destino y del azar.
El hombre recorre dos caminos en su vida: uno es la horizontalidad o la pasividad en la cual se compromete para estar conforme con modelos socioculturales de nuestro tiempo; el otro es el camino de la verticalidad o de la actividad en el cual se compromete para reconquistar su autenticidad con el fin de extraer su quintaesencia original.
El hombre debe para esto:
Saber que es su destino.
Querer, porque sólo la voluntad consciente lo distingue de la animalidad que
lo habita.
Atreverse a vencer a todos estos demonios interiores malignos y depravados.
Callarse, porque sólo el silencio puede permitirle oír (entender) una presencia indefinida, acurrucada (recogida) en el fondo de su ser.
Se trata, después de la batalla, de reunir lo que está disperso, de alumbrar lo que estaba oscuro y por fin unir lo que se había dividido.
El Phenix le enseña al hombre que debe guardar la esperanza de renacer de sus cenizas.
Cuando cada hombre sea consciente de todo esto, la colectividad estará salvada.
¡Quiero precisar que "el camino de la vuelta" es un movimiento de
DEVENIR y no de VOLVER!
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